Opinión

9 de enero de 2017 10:33

El descolonizador colonizado


Hace un poco más de 6 años, el DAKAR inició su ruidosa carrera en las mentes de los 'jefes' y 'jefazos' del MAS y en las esferas gubernamentales. El propio presidente Morales llegó hasta Paris para concretar el paso del cuestionado Rally, expulsado de Africa, por territorio boliviano. De este modo, la legitimidad del ‘proceso de cambio’ se iba por el caño ante nuestros ojos con proyectos como el DAKAR, la apertura a las semillas transgénicas impuesta desde Palacio a las organizaciones campesinas, o la carretera del TIPNIS que partió en dos un parque nacional y con ella a las organizaciones indígenas, sin oír las protestas y advertencias de quienes habíamos depositado nuestras esperanzas en un cambio trascendental de la sociedad boliviana. Atrás quedaba la memoria de los días de gloria enterrados ya bajo papeles, documentos, declaraciones, leyes, decretos, rodillos parlamentarios y el paso de parada de una élite catapultada por los movimientos sociales a los pasillos del laberinto estatal que abrieron las puertas a una nueva dimensión del poder: la de la autocomplacencia y el despilfarro. Las protestas no fueron escuchadas por los entonces compañeros de ‘adentro’ que prefirieron ceder a la práctica de hacer encajitos y filigranas a fin de mantener sus ideas particulares del “buenvivir” y el "socialismo del Siglo XXI". 

Así, un proceso social que había cuestionado el colonialismo y el sistema neoliberal caía de narices en las garras del espectáculo más depredador y colonialista que existe; destructor de paisajes, de vidas humanas y animales, de ecosistemas y patrimonio arqueológico. Un circo respaldado por grandes firmas de automóviles y combustibles y símbolo de la superficialidad que alienta el capitalismo para adormecer a la gente que hoy día en Bolivia aplaude y agita banderitas para recibir a Toyota, Peugot, Multifix, REPSOL, Goodyear, TOTAL, FOX Sports y otras empresas en su paso triunfal por pueblos y ciudades. Qué vergonzoso que un estado que se auto proclama ‘socialista’ y promotor del ‘vivir bien’ aliente a su población a pararse en las avenidas para saludar la entrada de motorizados propiedad de grandes corporaciones. Si eso no es colonialismo y sometimiento cultural del pueblo, entonces qué es?

El Dakar 2017 ‘autosustentable’ de ‘0’ uso de agua (un espectáculo que carga su propia agua… su propia seguridad, atraviesa territorios que sufren sequía, pobreza, con crisis o no y que mantiene el negocio, eso si que es para analizar), tan sostenible como la carretera ‘ecológica’ del TIPNIS o el Estado Plurinacional, es un espectáculo cuya franquicia ha costado 4 millones de dólares a lo que hay que sumar los gastos de movilización de recursos de espectáculo y seguridad y restar las pérdidas por feriados y destrozos. Se dice que ha generado 164 millones a Bolivia, -será a privados-, y en todo caso ese dinero no se reinvierte totalmente en agua, en saneamiento, en seguridad, en educación, en bienestar, ni sirve para reparar el eventual daño que provocaron. Un evento festivo dizque deportivo, que contrasta con la emergencia de la crisis del agua en varias ciudades y pueblos de Bolivia. Un evento tras el cual se ha parapetado el oficialismo para reforzar su identidad autoritaria preparado hasta los dientes para restringir el derecho a la expresión a ciudadanos y ciudadanas que advierten las incongruencias y rechazan con justa indignación este rally u otras políticas. Un espectáculo de falso patriotismo, montado para reforzar el sentimiento populista en favor del líder mesiánico, dedicado a domesticar a un pueblo que luchó dignamente contra el neocolonialismo y que cayó en la trampa.

Por Elizabeth  Peredo 

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