Opinión

10 de mayo de 2017 12:05

EL FUTURO DE UNA NIÑEZ VIOLENTADA


El clima de violencia en nuestro país y el mundo, en general, ha tenido sus picos altos en los últimos meses. Por un lado está la violencia del terrorismo y los conflictos armados junto a escenarios de guerra civil, además de los guiños belicosos entre Estados Unidos y Corea del Norte. La situación de Siria es, lamentablemente, una muestra dolorosa de la sinrazón humana que genera violencia y más violencia.

Por otro lado tenemos el igualmente doloroso escenario de la violencia que se ejerce contra niños y niñas, adolescentes y mujeres. Los datos sobre feminicidios son indignantes, en 2015 se registraron cerca a 70, en 2016 aumentó el registro a cerca de 100 y en el primer trimestre de este año ya se cuentan 33. Más alarmante aún es la cifra de distintos hechos de violencia contra la mujer que desde 2015 suma más de 71 mil casos registrados. Uno de los factores que influye fuertemente, junto a la mentalidad machista es la “normalización” de la violencia. No puede ser que en la sociedad que la violencia, sea la que sea, sea un hecho “normal”, eso revela una convivencia social y de relaciones bastante enfermas y distorsionadas.

Especial sensibilidad despierta la violencia ejercida contra los más pequeños, los-as niños-as, bebés, contra quienes se ensaña la estupidez humana de gente que es capaz de herir, dañar, violar o matar a personas que difícilmente pueden hacer frente a esas acciones violentas.

Una sociedad que tolera y no lucha decididamente contra la violencia hacia la niñez no merece el don de vida que en ésta recibe para continuar su desarrollo, pues ha segado su propio futuro infligiendo daños fatales a quienes representan ese futuro.

¿Cómo cuidar, acompañar, apoyar a tantas víctimas de la violencia? ¿Cómo será el futuro de la niñez que ha experimentado la violencia, muchas veces en el seno mismo de su familia, y sigue creciendo en ambientes violentos? ¿Nos lleva a algo más que a la indignación ética el saber que en lo que va del año en el país se han dado más de 400 violaciones sexuales y de éstas más de 150 fueron contra niñas-os y adolescentes?

El bebé Alexander, Abigail, una niña de 2 años y otra de 5 en la pasada semana, son aterradoras muestras de lo que nuestra sociedad esconde. No basta con gritar y llorar, no basta con hacer leyes y llenar cárceles, no basta con fríos recuentos estadísticos de los índices de violencia.

Como sociedad debemos examinarnos profundamente y llamar por su nombre a todo aquello que genera estos cuadros de violencia, sin disimulos y poses para decir que hacemos algo cuando la realidad no cambia. Es fundamental que trabajemos en la educación para cambiar mentes y corazones, para cultivar hábitos y conductas de sana relación y respeto, en programas que ayuden a trabajar la autoestima de las personas y que se corte de raíz expresiones, modos, actitudes que fomentan la violencia. Para comenzar podríamos dejar de alentar que los niños se idioticen con programas violentos o que repiten paradigmas machistas y patriarcales. Y que en las familias se creen condiciones de convivencia sana.

Una niñez nacida en medio de la violencia sufrirá la misma con el riesgo de reproducirla si no logramos erradicar esa violencia a la vez que acompañar a las víctimas. Algunas de esas víctimas ya no está entre nosotros, ese hecho tendría que estremecernos hasta la médula para hacer algo efectivo.